Las Varices

Las Varices

¿Qué es la insuficiencia venosa crónica (IVC)?

La circulación sanguínea asegura, gracias a las arterias, el aporte de oxígeno a los distintos órganos y tejidos del cuerpo, y gracias a las venas, el retorno al corazón de la sangre que se pobre en oxígeno.

Para realizar esta función de vuelta de la sangre, existen diferentes mecanismos (válvulas) que permiten vencer la fuerza de la gravedad. Cuando alguno de estos mecanismos falla, hay reflujo, y en lugar de subir la sangre, por ejemplo, de las piernas hacia el corazón, ésta se acumula dentro de las venas, las paredes se dilatan y la estructura y funciones se alteran apareciendo los síntomas.

Las varices, por tanto, son dilataciones permanentes de las venas superficiales, típicamente en las piernas, que se producen debido a la disfunción en la acción de vuelta de la sangre desde las extremidades hacia el corazón.

¿Qué personas son más propensas a sufrirlo?

Los síntomas afectan al 30% de los adultos, y se estima que un 60% de los casos no está diagnosticado.

Por lo general, se puede decir que la IVC es más frecuente en mujeres a partir de los 35 y 40 años, por una predisposición hormonal, y aumenta con los embarazos y con la edad (a partir de los 50 años, la mitad de la población la sufre). Sin embargo, cada vez afecta a pacientes más jóvenes y tiene mucho que ver con su estilo de vida.

¿Cuáles son las causas?

  • La edad. Con el paso de los años, el revestimiento elástico de las venas empieza a debilitarse, incrementando así la posibilidad de que las venas se dilaten.
  • Factores genéticos. Es una de las enfermedades que más se hereda.
  • El embarazo. Las hormonas propias de ese estado provocan la dilatación de las venas. Además, el útero, al crecer, comprime las venas de drenaje de la pelvis, lo que dificulta el vaciado de la sangre de las piernas y también hace que las venas se dilaten. También en esta etapa influyen el aumento de peso y la disminución de la actividad física. Alrededor del 40% de las embarazadas sufren varices y otros síntomas de IVC. Sin embargo, estos problemas pueden desaparecer después del parto, ya que cesan los factores que los provocaban.
  • Alteraciones hormonales. La enfermedad venosa es más frecuente en la mujer debido a la influencia hormonal. Estas hormonas también se encuentran en las píldoras anticonceptivas, por lo que su consumo puede provocarlo.
  • Incrementa la presión en las venas de las piernas y agrava su estado, lo que deriva en un mayor riesgo de aparición de IVC y complicaciones asociadas.
  • La vida sedentaria y la carencia de ejercicio.
  • El trabajo que haces. Estar muchas horas seguidas desde o sentado, es también un factor de riesgo importante.
  • El calor. Habitualmente, en verano se agravan los síntomas más frecuentes de la IVC. El calor provoca que las venas se dilaten, por lo que, por efecto de la gravedad, la sangre se acumula en las piernas, intensificando la sensación de pesadez y cansancio y agudizando los problemas de circulación.

¿Qué síntomas da?

  • Dolor, hormigueo, pesadez y cansancio habitual en las piernas. Estas molestias pueden distinguirse ante otras otras porque disminuyen al levantar las piernas y con el frío.
  • Hinchazón de la parte inferior de las piernas y los tobillos. Especialmente después de períodos prolongados de pie.
  • Calambres nocturnos.
  • Sensación de calor, enrojecimiento, sequedad y picor constante en la piel porque el exceso de sangre retenida provoca un aumento de la temperatura y la piel se deshidrata.
  • Arañas vasculares. Son dilataciones de los capilares, a nivel superficial, que se traducen en pequeñas líneas rojizas o violetas con aspecto de telaraña.
  • Varices reticulares. Son dilataciones de las venas de pequeño tamaño que aparecen en la dermis.
  • Constituyen el signo clínico más prevalente y conocido de la IVC. Son dilataciones y alargamientos de las venas superficiales, que se producen cuando la insuficiencia venosa se prolonga en el tiempo.
  • La aparición de las úlceras venosas supone el estadio más avanzado de la enfermedad. Tienden a veces a infectarse y pueden afectar a la calidad de vida de los pacientes. Es frecuente que dejen secuelas en la piel.
  • Por último, a medida que la enfermedad progresa, se puede producir hinchazón en los tobillos y piernas (edema), coágulos en las varices (flebitis), o hemorragia por rotura de las varices.

Consejos para aliviar los síntomas y mejorar la circulación

  • Evita salir a la calle en las horas de más calor.
  • Vigila con el sol. Tomar el sol provoca que la temperatura aumente la dilatación de las venas.
  • Evitar fuentes de calor directo en las piernas, como la depilación con cera caliente, los baños calientes o las saunas.
  • Bebe mucha agua. Hidratarse por dentro y por fuera es fundamental tanto para favorecer la circulación como para que la piel esté más elástica y evitar síntomas como picores, dermatitis…
  • Dieta equilibrada con poca sal (favorece a los edemas), rica en frutas y verduras, especialmente las que favorecen la circulación, como los frutos del bosque, la uva, el melón, etc.
  • Haz deporte en horas de menos calor, opta por deportes de agua, anda en lugar de correr, pero no dejes de moverte.
  • Viste con ropa amplia y calzado cómodo. Las prendas muy ajustadas no son aconsejables, ya que dificultan el retorno venoso, al igual que los zapatos de tacón alto.
  • No estés mucho rato de pie, sentada o con las piernas cruzadas. En caso de que tengas que realizar viajes largos en avión o coche, a menudo levántate y camina.
  • Deja el tabaco si fumas.
  • Hazte masajes. Con agua fría (o hielo frío de la farmacia), visita siempre que puedas a un masajista o centro de estética en el que te harán un buen drenaje linfático o presoterapia, muy útiles para mejorar los edemas.
  • No dejes las medias de compresión ni en verano, aunque sólo sea por unas horas.
  • Nunca abandones el tratamiento que mejora tu circulación.

Tratamiento farmacológico convencional

Fármacos venotónicos y heparinoides que actúan reduciendo la fragilidad y la permeabilidad vascular, e incrementando el tono muscular de las paredes venosas, mejorando significativamente la sintomatología, especialmente la sensación de cansancio y edema. Son de administración oral o tópica, y las formas orales son las de mayor eficacia clínica.

Aceites esenciales, el gran aliado complementario

La insuficiencia venosa puede mejorar notablemente si incorporamos a nuestro tratamiento determinados aceites esenciales, puros o combinados con otros principios activos, por sus propiedades descongestivas, antiinflamatorias y drenantes. Lo podemos hacer de forma oral o tópica.

  • Aceites esenciales cítricos: limón, naranja y pomelo. Conocidos por sus excelentes cualidades drenantes, circulatorias y antiinflamatorias.
  • Aceite de Romero, de Menta, Ciprés, Enebro, y de Hinojo entre otros: Permiten activar la circulación sanguínea y el drenaje linfático aliviando la sensación de pesadez en las piernas y la inflamación. El efecto beneficioso de estos aceites esenciales también permite mejorar trastornos tan comunes como la retención de líquidos, la celulitis o la aparición de varices o arañitas vasculares.

 

¡Pregunta!

Desde Olivet Farmacia Integrativa y como especialistas en enfermedades vasculares podemos apoyarte en el control de la insuficiencia venosa (varices) mediante un control, consejo y abordaje integrativo farmacéutico.